jueves, 7 de agosto de 2008

Carta

Querido D.,

 

Perdona que te haya hecho esperar por la contestación a tu e-mail, y antes que nada agradezco mucho la confianza. ¿Sabes?, respecto a tu inquietud créeme que yo ya la tenía desde antes de viajar y con este viaje me he afianzado mucho más en elevar mi nivel de compromiso, cosa que aprendí de mis padres, sobre todo de mi padre. Trabajar por los pueblos rurales de mi país, para que puedan vivir en libertad e igualdad, sin que les falte nada y sobre todo que sean autosuficientes…

 

El fue profesor rural, les inculcaba el progreso de su pueblo, cómo debían enfrentar a  quienes les llaman “pobres” y cómo debían aprovechar sus recursos naturales. Fue dirigente de las comunidades campesinas, luego pasó a ser un luchador social, a reclamar por el derecho de los  campesinos. En el tiempo de la reforma agraria recorrió una caminata desde los pueblos rurales hasta la capital, una distancia aproximada de cuatro veces lo que hay entre Badajoz y Mérida.

 

Además, peleó para combatir el terrorismo, y así yo ví que cuando una se entrega a la labor social, el nivel de compromiso es muy importante, da grandes satisfacciones: hoy ver el pueblo que creó mi padre; donde yo jugué de pequeña con los niños del campo. Esto cambió radicalmente toda mi percepción de vida: de ser una niña de ciudad criada entre academias de ballet, pintura, guitarra, natación… ser de sociedad. Esta infancia no me la quitará nadie. Siempre vuelvo a mi pueblo, ahora ya profesional. Mis amigos son campesinos necesitados de apoyo financiero, de un médico y de técnicas de riego, pero eso sí son muy aguerridos, lo que se proponen lo hacen. Yo ahora estoy tan lejos, en la capital, pero siempre tengo una foto de todos ellos que me recuerda el compromiso de vida. Yo he podido ir a la universidad y tengo que volcar mis conocimientos en ese pueblo, luego lo haré en otros. Ahora ellos atraviesan la lucha contra la contaminación minera, pues en sus tierras han encontrado oro ¡qué desastre!. Se contaminarán sus ríos, morirá el ganado, las cosechas no producirán...

 

Esa es mi preocupación de todos los días. Espero poder hacerlo, mi padre se pondría muy contento, ya que mi madre falleció y me dejó una gran herencia: la entrega a los demás, la generocidad y la bondad; ella también dejó la ciudad y fue maestra rural teniendo una especialidad en físico-matemática, y logró hacer algo. Sé que mi tarea a la que estoy designada será cumplida.

 

Mi respuesta se hacía esperar. Te deseo los mejores de los éxitos. Te envió una foto de mi lugar querido... Ichugo.

 

Te quiere, P.T.


1 comentario:

Silvia dijo...

Hola, Daniel, conmovedora la carta de tu amiga. Ojalá nunca se le quite ese ánimo, no la descorazonen los golpazos que se llevan los idealistas… y le pueda ayudar alguito a la gente que quiere.


Silvia